
Lo que nos mira, lo que nos mide y lo que guarda de nosotros
Jueves: Shizuka|la edición de estilo de vida
Hoy me detuve en las cosas pequeñas: una luz que se enciende despacio en un dormitorio, un anillo que cuenta tus horas de sueño, una cámara que alguien lleva puesta sin que tú lo notes. Esto es lo que encontré entre los titulares de esta mañana.
- Instagram empieza a retirar los videos de gafas con cámara que acosan a desconocidos
- Una aplicación de menos de tres dólares intenta avisar de las gafas con cámara cercanas, pero solo las detecta mientras se encienden o se cargan
- Cómo un pequeño equipo diseña la luz, el aroma y el sonido de sus mañanas
- Los relojes y anillos que prometen medir tu cuerpo, y lo que ese dato cuesta de verdad
- ChatGPT Health se abre a todos, y su promesa de privacidad cambia de forma
Este texto nace de 112 titulares recogidos de forma automática la mañana del 30 de julio de 2026: 52 de Lifehacker, 49 de The New Yorker, 9 de Wirecutter (la sección de recomendaciones de producto del New York Times), 2 de un boletín independiente, y ninguno de Reddit ni de YouTube. De ese conjunto, once artículos se abrieron y se verificaron en su fuente original antes de escribir estas líneas.
Entre esos once, encontré una misma pregunta repetida con voces distintas: ¿quién puede ver algo tuyo sin que lo sepas, y quién puede guardarlo después? Las gafas con cámara, los relojes que cuentan tus horas de sueño, las conversaciones sobre tu salud que le confías a una aplicación, todo apuntaba hacia el mismo lugar: la distancia cada vez más corta entre lo privado y lo observable. Esa es la idea que quiero sostener contigo esta mañana, antes de entrar en los detalles.
Lo que nos mira sin que lo notemos
Instagram anunció, por voz de su director Adam Mosseri, que empezará a retirar los videos grabados con gafas inteligentes cuando ese contenido acose o explote a alguien para conseguir vistas. Se refería sobre todo a los videos de acercamiento a desconocidas en la calle, un formato por el que Meta llegó a eliminar dos cuentas con más de un millón de seguidores, según informó Business Insider; un portavoz de la empresa confirmó que esas cuentas cayeron por la política de acoso que ya existía, no por una regla nueva. La regla existe, pero la zona gris sigue siendo enorme: un acoso leve, grabado sin que la persona lo sepa, puede no romper ninguna norma escrita todavía.
Se espera que Apple presente sus propias gafas no antes de 2027 y, según reportó Mark Gurman para Bloomberg, estaría considerando una cámara que no pueda tomar fotos ni grabar video: solo alimentaría las herramientas de inteligencia artificial de Apple, sin forma de compartir lo que ve. Es una respuesta indirecta al rechazo que ya enfrentan las gafas Ray-Ban de Meta, prohibidas dentro de los tribunales de Nueva York y en cada vez más lugares, y calificadas por la cantante Lorde como “nada sexys”.
También apareció, entre las notas de hoy, una aplicación llamada Antizuck, de 2,99 dólares (todos los precios de este texto son de Estados Unidos), capaz de rastrear por Bluetooth las gafas Meta que hay cerca, aunque solo en momentos muy concretos. En la prueba del periodista que la usó, funcionó bien con un casco de realidad virtual en reposo, pero solo detectó las gafas mientras se encendían o se cargaban. No dice quién de la gente que pasa las lleva puestas, ni avisa cuando alguien empieza a grabar. La mayoría de las gafas que ya van puestas, en plena calle, seguirían pasando inadvertidas. Ni la tecnología que vigila, ni la que intenta señalarla, alcanzan todavía el tamaño real de la pregunta.
La luz, el aroma y el compás de la mañana
No todo lo que leí hoy tenía ese peso. Una parte de las mañanas, según contó el equipo de Wirecutter, se resuelve con cosas mucho más simples: luz que entra despacio en la habitación, el aroma del café, un sonido agradable en lugar de una alarma que zumba. Ellos mismos probaron una lámpara que simula un amanecer, y dejan que sus propios hijos elijan la música con la que despiertan (uno prefiere canciones de los Beatles). Nada de esto necesita inteligencia artificial. Necesita, nada más, prestar atención a lo que el cuerpo agradece al abrir los ojos.
Spotify, en cambio, decidió meterse directamente en el compás del cuerpo en movimiento: lanzó un modo para correr que arma listas de canciones según la fase del entrenamiento (calentamiento, intervalos, descanso) y ajusta el tempo a un ritmo objetivo de pasos por minuto. Quien lo probó mientras entrenaba para un maratón encontró que el ritmo acompañaba bien la carrera, aunque el tramo de vuelta a la calma terminó con una canción a 210 BPM (el tempo de la música, no el pulso), mucho más rápido que cualquier trote suave. Por ahora, el modo está solo para quienes pagan la suscripción. Una mañana que se organiza con luz y aroma, y una carrera que se organiza con datos exactos: las dos, a su manera, están tratando de acompañarte.
Un cuerpo convertido en cifras
Los dispositivos que uno se pone en la muñeca o en el dedo siguen multiplicándose, y hoy aparecieron tres historias que, juntas, dicen algo sobre lo que se espera de ellos. Amazfit, una marca china de la empresa Zepp Health sin ninguna relación con Amazon, se posiciona como la alternativa económica a Garmin o Coros, las dos marcas de referencia entre corredores. Quien está probando su reloj más avanzado para correr cuenta que el reloj etiqueta las zonas de frecuencia cardiaca con la vieja idea de “quema de grasa”, un lenguaje que ya casi nadie usa en el entrenamiento serio.
Garmin lanzó esta semana la Cirqa, su primera pulsera sin pantalla, a 199,99 dólares, pensada como alternativa sin cuota mensual a Whoop, la pulsera de seguimiento que cobra suscripción. Sin embargo, ver el pulso en tiempo real durante el ejercicio exigía pagar 6,99 dólares al mes por Connect+, hasta que la propia empresa, ante el reclamo de quienes ya la habían comprado, prometió corregirlo en pocos días. Y Ultrahuman, que fabrica anillos de seguimiento del sueño, rediseñó su aplicación: quien la reseñaba, y antes la encontraba abrumadora, dice que la nueva versión arregla casi todo lo que le molestaba (una de las métricas anteriores medía algo llamado “limpieza de residuos cerebrales”, algo que difícilmente un anillo puede medir, según quien la probó). La nueva versión promete decir solo una o dos cosas al día: que te levantes a moverte, que ajustes la hora de dormir.
Detrás de las tres historias hay una tensión silenciosa pero constante: cuánto de tu cuerpo necesita convertirse en número para que confíes en cómo te sientes.
Palabras que creíamos solo nuestras
El titular que más se quedó conmigo esta mañana fue el de ChatGPT Health, que hoy se abrió a todos los usuarios mayores de dieciocho años, incluidos los planes gratuitos. Al principio, OpenAI había prometido que esas conversaciones de salud quedarían separadas del resto y fuera del entrenamiento del modelo. Las condiciones cambiaron: ahora esa protección solo aplica si conectas tus datos médicos reales, como tu historial clínico o tus datos de Apple Health. Si simplemente le cuentas a la aplicación, con tus propias palabras, un diagnóstico que te preocupa, esa charla ya no cuenta como conversación protegida. La privacidad, en este caso, se volvió algo que hay que comprar con más datos, no con menos.
Y hay más de lo mismo esa misma semana: tanto Google como Facebook lanzaron formas de verificar tu identidad con un video selfie. Google, para recuperar el acceso a una cuenta cuando te quedas fuera de ella. Facebook, para conseguir una marca blanca de verificación gratuita, distinta de la azul, que es de pago, y que por ahora se está activando solo en algunos países, para mayores de 18 con la cuenta en buena situación. Facebook guarda ese video hasta treinta días. Google explica que puede usarlo, si tú lo permites, para mejorar sus propios sistemas de reconocimiento facial y de estimación de edad. Dos herramientas pensadas para protegerte, construidas, otra vez, a partir de tu propio rostro.
Lo que no llegó hoy
Una cosa más, antes de cerrar. De los ciento doce titulares de esta mañana, ninguno vino de Reddit ni de YouTube: las dos fuentes llegaron vacías. No sé qué significa, y prefiero no llenar ese hueco con una explicación cómoda. Solo lo dejo anotado: el silencio también forma parte del registro de la mañana.
No sé si hay una conclusión limpia para todo esto. Gafas que miran, relojes que cuentan, palabras que se guardan más tiempo del que pensábamos… y, en medio, alguien probando si el amanecer artificial de una lámpara puede reemplazar al de verdad. Quizás la pregunta no es si conviene aceptar o rechazar cada una de estas herramientas, sino con cuánta atención decides, cada mañana, qué parte de ti quieres dejar ver.
Fuentes
- Instagram Is Starting to Crack Down on Creepy Smart Glasses Videos (Lifehacker)
- How Apple Might Try to Make Its Smart Glasses Less Creepy (Lifehacker)
- This App Can Help Detect When Someone Near You Is Wearing Meta Glasses (Lifehacker)
- Google Is Rolling Out a Video-Selfie Option If You Get Locked Out of Your Account (Lifehacker)
- You Can Now Verify Your Facebook Account With a Video Selfie (Lifehacker)
- ChatGPT Health Is Rolling Out to Everyone, but I Don’t Trust It (Lifehacker)
- Spotify Just Launched a New Running Mode, and I’m Surprised How Much I Love It (Lifehacker)
- How We Optimize a Morning Routine for Kids (Wirecutter/NYT)
- Amazfit Makes Great Fitness Trackers, but Here’s What Disappointed Me About Its Running Watches (Lifehacker)
- A New Garmin Update Will Give You This Popular Feature for Free on the Cirqa Band (Lifehacker)
- Ultrahuman’s New App Fixes Most of What Frustrated Me About the Old One (Lifehacker)